TENGO UN NOMBRE
no le pertenezco
“Tengo un nombre” defiende que como sociedad tenemos la obligación de crear un espacio para que los supervivientes de cualquier tipo de violencia sexual cuenten su verdad y puedan expresar libremente, sin ser juzgados ni señalados. Para que las mujeres puedan volver a casa, sanas y salvas. Y para que el sistema se encargue de garantizarlo. “Cuando la sociedad apoya en lugar de culpar, se escriben libros, se hace arte y el mundo es un poco mejor por ello”. No podemos consentir que la condición de víctima eclipse la existencia.
«Me llamo Chanel. Soy una víctima, no me da reparo utilizar esta palabra, pero sí creer que eso es todo lo que soy. Sin embargo, no soy “la víctima de Brock Turner”. No soy su nada. No le pertenezco».
La historia de Chanel Miller cambió el mundo para siempre. En 2016, Brock Turner, de diecinueve años, la violó en el campus de Stanford. Lo que llegó después fue vivir bajo un pseudónimo y uno de los juicios más mediáticos de la historia de EE. UU.
Decidió compartir en la red la carta que leyó a su violador en el juicio, empezaba así: «Tú no me conoces, pero has estado dentro de mí, y por eso estamos aquí hoy». Once millones de personas la leyeron en cuatro días, y provocó la indignación de un país y la reacción internacional. Después de cuatro años viviendo en el anonimato ha dado el paso de hacer pública su identidad. Y ha contado su historia.
«Tengo un nombre» son unas memorias íntimas y profundamente conmovedoras, que transformarán para siempre nuestra percepción sobre la violencia sexual y que reclaman justicia, sobre todo, pero también el derecho a seguir viviendo.
